Rogelio Manzo Hurtado (Guadalajara, Jalisco, 1975) es un artista plástico mexicano cuya obra indaga en las complejidades de la existencia humana a través de un lenguaje visceral y multisensorial. Su trabajo aborda temas como la psicología, la espiritualidad, la fragilidad física y emocional, la sexualidad y las cicatrices —tangibles o simbólicas— que definen la cartografía de lo humano.
Su trayectoria se construye desde la convergencia entre técnicas tradicionales (pintura al óleo, punta seca, etc.) y materiales disruptivos como vidrio, resinas, gemas, textiles intervenidos con bordados manuales y sedas teñidas. Esta hibridación —que une artesanía ancestral y sensibilidad contemporánea— refleja su exploración de la identidad en la frontera entre lo orgánico y lo artificial, lo eterno y lo efímero.
Un ejemplo emblemático es Israel I (2023, 101x123 cm), donde un perfil masculino joven —contemplativo y tenso entre el desdén y la esperanza— tiene su cuerpo intervenido por incrustaciones de pedrería y encajes que se entrelazan en su anatomía. La pieza, cubierta por capas de organza de seda teñidas con óleos translúcidos —donde el pigmento se fusiona con la textura del textil para evocar piel humana—, sintetiza lo carnal y lo emocional, mientras un tejido fractal geométrico en hilos de seda recorre la composición como metáfora de conexiones neuronales y cósmicas, entrelazando lo microscópico con lo infinito.
En sus obras bidimensionales, los cuerpos fragmentados —cubiertos por velos translúcidos, marcados con bordados que imitan cicatrices o encapsulados en resinas— funcionan como alegorías del trauma y la resiliencia. Materiales como el vidrio (frágil y transparente) o las gemas (belleza mineral frente a la carne vulnerable) enfatizan contrastes conceptuales: lo efímero versus lo perpetuo, lo hermoso versus lo herido. Estas elecciones no solo cuestionan la materialidad del ser, sino que transforman cada pieza en un relicario de memorias personales y colectivas.
Manzo trasciende lo pictórico al incursionar en instalaciones, arte objeto y escultura, integrando tecnología y mecatrónica para crear experiencias inmersivas. Un ejemplo paradigmático es Boîte à Musique (2025): un mueble estilo Luis XV encapsulado en material opaco, del que brota un torrente líquido rojo al ritmo de la Novena Sinfonía de Beethoven. La obra, que combina flujos sanguíneos simulados con música clásica, critica la imposición cultural de Occidente sobre pueblos originarios, simbolizando la violencia histórica bajo una estética decorativa.
Con más de 20 años de trayectoria, Manzo ha exhibido en galerías y museos de México, Estados Unidos, Europa y Asia. Su obra, parte de colecciones públicas y privadas, destaca por un equilibrio entre lo grotesco y lo sublime, invitando a confrontar vulnerabilidades compartidas. Más que un ejercicio estético, su trabajo actúa como espejo de contradicciones humanas: en resinas que atrapan memorias, sedas que velan heridas o gemas incrustadas en grietas, se tejen narrativas de pérdida, resistencia y redención a través del arte.